Un patrón es lo más rentable que puede tener una marca chica: se manda imprimir una vez en papel o en cinta y convierte cualquier caja en algo que se reconoce de lejos, sin diseñar nada nuevo.
Los ocho empalman por los cuatro lados. Lo que se ve aquí abajo no es una imagen grande: es una loseta repitiéndose, así que si el empalme fallara se vería la costura.
Un patrón no se aprueba en un cuadrito. Se aprueba cuando está sobre el objeto, al tamaño que va a tener y con lo que le va encima.
Cada tambor es una vuelta por la máquina. El de tono sobre tono usa uno; el de monigotes, tres. A tiro chico esa diferencia es la mitad del presupuesto.
Lo que va en la mano aguanta motivo chico. Lo que se ve a diez metros necesita una sola pieza enorme y cortada.
Si arriba va texto, el patrón tiene que bajar de contraste o quedarse en puntos. Un patrón que compite con la información se quita.