Iván lleva años surtiendo fruta y verdura a restaurantes. Ahora hereda la ruta de huevo de Felipe: unas ochenta casas del corredor de Carretera Nacional que ya le compran algo cada quincena.
Este es el tablero donde se está resolviendo cómo se ve y cómo habla esa segunda mitad del negocio.
Un lenguaje que ya vive pegado en el aguacate: óvalo, tipografía gorda, dos tintas planas y un número. Está probado en millones de piezas y no hay que inventar nada para usarlo.
Tinta plana por pasada, trama de puntos y registro corrido. Ese corrimiento es el mismo accidente que colorear fuera de la raya, y de ahí sale la liga con el personaje.
El monigote de un niño de seis años: cabezota, dedos de más, línea temblorosa. Está escrito en código, así que nunca sale igual dos veces y no hay archivo maestro que respetar.