Lo que hace que la lámina de referencia funcione no es el dibujo de las frutas: es el acomodo. Aquí está reconstruido pieza por pieza para poder ver de qué está hecho, y después usado con otro repertorio.
Posiciones y tamaños medidos sobre la lámina y llevados al motor. No es un calco: las frutas son las nuestras y las tintas son tambores de catálogo. Sirve para comprobar que el acomodo se puede describir con reglas.
Cada una mueve una sola variable respecto al estudio, para poder ver qué aporta cada decisión por separado en vez de discutirlas todas juntas.
Las otras referencias no son láminas de fruta: son un cartel, un boleto y una bolsa. Lo que comparten es una estructura, y es distinta de la de la lámina: campo de color arriba, panel de papel abajo, serif de display en el titular y remates de boleto. La fila de arriba reconstruye esa estructura; la de abajo la lleva a El Bambino.
Dieciocho casas del eje de Carretera Nacional. Si algo no te gusta cuando llegue, no lo pagas.
Tres cambios: el campo de color se cambia por el patrón de la marca, la serif se queda sólo para la frase que suena a persona, y los datos duros pasan al lugar donde la referencia ponía el adorno.
Huevo de rancho · 2 tapas
Jitomate saladet · 1 kg
Cebolla blanca · 1 kg
La misma lógica recortada a lo que pide cada sitio. El motor recompone para cada proporción en vez de recortar una imagen grande, que es lo que deja las frutas cortadas por la mitad.